



Dios ha preparado para los suyos una copa desbordante, a la medida de su desmesura : " mi alma está en el colmo de la turbación...vuélvete, oh Jahvé, libra mi alma " ( Salmo 6,5). Todos pueden probarla pero rehusarla o preferir otra copa es signo de una descomunión, cuyas consecuencias son previsibles. La copa ofrecida se vuelve copa de cólera y el vino de la alegria ( vinum laetificat cor hominis ) se muda en vino de embriaguez aturdidora : lo que debía ser fuente de vida, se convierte en plaga que conduce a la muerte. En ese sentido , la copa es un símbolo ambiguo susceptible de dos acepciones antinómicas, según el uso que se haga de la misma.
El aspecto dominante de la copa como símnbolo es litúrgico y cultual. Es mencionada con frecuencia en los sacrificios que se ofrecen en el Templo , lo que sugiere que la copa es el instrumento simbólico de la entrada en relación a lo sagrado. Supone una decisión, un juicio que puede desgarrador , ¿ van a entrar en comunión con Dios o con sus propios ídolos ?. La copa señala y prepara una ruptura : o con Dios o con los demonios.
En ekl septenario que aquí nos ocupa, la copa es con toda evidencia la de des-comunión con Dios y, por tanto, la de la cólera de Dios. La parte del mundo y de la historia que elige el vino de los ídolos se condena a si misma. No ha lugar a leer una descripción anticipada del fin del mundo, sino un fracaso radical de los imperios que hayan querido reemplazar la autoridad y el poder de Dios por los suyos propios. El tiempo de estos imperios está cantado : se derrumbarán.